¡Salenas salenas!
El último viernes mi nuevo amigo conoció a un cronopio (o algo parecido muy parecido a mi).
La imperante verdad me demanda registrar que al margen de los "detalles técnicos", las bolsas de papel, que conseguí a modo de salvaguarda ante el roche -y que yo misma terminé usando- y el dolor de panza a causa de un apoteósico tacu-tacu vespertino, la pasé... de la puta madre. Hubiera querido usar genial, pero no es así, fue una noche estupenda, encantadora y particular, decorada con conversaciones placenteras, matizada por el siempre bien recibido mar limeño y consumada con mi chispa favorita: música.
¡Gracias "pragmático-escéptico"!
Cronopio cronopio.





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