Me he tomado algunos meses para escribir sobre el final de mi última historia. Si, aquella de la que tantas veces escribí en este blog y la que creí única e irrepetible. Y voy a escribir porque me da la gana, es mi forma de ser… además siempre hay algún confundido por ahí en busca de algunos consejos, pues bien, estos son los míos:
1. Confundir cariño-apego con amor: No creo que siempre fuera así, pero no puedo señalar precisamente cuando fue que se extinguió. Intensidad no significa amor, pasión no significa amor, costumbre no significa amor. Luego de algún tiempo juntos, llegó un momento en el que creí que, por ese mismo tiempo transcurrido, mi futuro estaba inevitablemente ligado al suyo... y digamos que me adecué a la idea. Postergué en varios momentos mis locuras, mis gustos, mis creencias. Y si bien coincidíamos mucho, teníamos diferencias irreconciliables. Mientras él presionaba el botón OFF yo andaba preparada para un nuevo ON. Me atrevo a presagiar que aquel futuro, sazonado de poder, hubiera sido una versión de durmiendo con el enemigo.
2. El error del otro es sólo uno, no hay suma posible, de lo contrario, ese error ajeno se transforma en uno propio: Erré en aceptar circunstancias poco claras durante estos tres años, erré en no alejarme ante la duda, erré en no ponerme fuerte y decir adiós en esos momentos. Las consecuencias son mucho peores, la duda carcome y transforma. Si un de los dos duda, creo ahora, que hay que hacer el mejor intento para aclarar las cosas. El que no la debe no la teme, sólo debería temer el perderte.
3. Si decides separarte, hazlo tal cual esa palabra lo postula: sepárate: No hay medias tintas, no existen las amistades inmediatas, de haber algún vínculo que se mantenga, siempre existirá “eso” (cualquier motivo circunstancial) que podrá tentarte fácilmente a cruzar la delgada línea del pasado. A mi me sucedió, a él le sucedió, lo raro fueron las consecuencias diferentes. Él era mi pasado y alguien más era el suyo.
4. Y finalmente, si ves que las cosas no caminan, si sucede algo insuperable no postergues su solución por comodidad, no te dejes llevar por el momento, las circunstancias no deben determinarte… podrías arrepentirte. Es mejor asumir la vida como se presenta y enfrentarla, nunca sabes que vendrá después.
Tal vez estas son pocas conclusiones para casi 3 años de vida compartida, pero para mí –aquí y ahora- son valiosísimas y siento que he adquirido sabiduría. No quiero volver a descubrir que no amo al momento de escuchar decir: “Tú me amas”.
Y como dice la canción de Andrés Calamaro que aquí les dejo:
Ese manicomio estaba lleno de problemas de fronteras…
¡¡¡Buena suerte y hasta luego!!!
Ps.- Necesitaba cerrar ese capítulo con un post, es raro dejar cosas en el tintero cuando se está acostumbrado a escribir a modo de catarsis. Esta noche no pude conciliar el sueño pensando en las conclusiones que había obtenido luego de los meses que han transcurrido desde aquel vino sin celebración. Espero que él esté mejor que cuando andaba conmigo, yo lo estoy.




1 Comentarios:
Dejar ir en paz al pasado.Asumirlo como tal.Sentir liberación.Es,definitivamente, la mejor manera de decir "adiós".
Esos consejos son excelentes para salir,si no airosos por lo menos con más fidelidad a nosotros mismos, de los entrampes en los que a veces nos metemos.
Aprender a decir "Buena suerte y hasta luego"con sinceridad...es más difícil todavía.Superar la tentación de dedicarle una cumbia resentida en vez de esa frase de Calamaro...Sí,es mejor reflexionar con Sabina:¿Por qué me sigo jugando la vida a pares o nones por fulanito de tal?..."
Siempre es tan bueno leer buenas historias que,aunque no acaben con el "y vivieron felices para siempre",igual acaban felices.
Un abrazo grande,Nessia.
La Libe.
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